Santiago 4

El apóstol Santiago nos muestra la dualidad que se nos plantea en la vida (vers. 1 al 10)¡somos de Cristo… o no lo somos! Si lo somos… ¡estamos en guerra!. Hemos entrado en conflicto en el momento en que le dijimos si a Cristo; en cuanto caímos arrepentidos a los pies del Señor, cuando decidimos seguirlo.
Antes de esta decisión eramos hijos de otro padre, servidores de otro rey, andando en la vida sin más visión que este mundo, con los valores muy distintos a los de Cristo.
En Cristo hemos entrado en un proceso en que tenemos que hacer morir lo terrenal en nosotros: las pasiones, la búsqueda y deseo de los deleites de este mundo, la soberbia, el pecado. Una fuente no puede echar agua amarga y dulce a la vez. No es posible ser de Cristo si te rindes al señor de este mundo. Sométete a Cristo, acércate a Él, arrepentido, para que te limpie; humíllate, aléjate del pecado. El Señor te va a levantar y te va a dar la victoria; recuerda que es un proceso de muerte, a fin de alcanzar la mejor vida.
En el vers. 1 habla de guerra entre los creyentes. Esta guerra también procede de la vieja naturaleza. Esta discordia se manifiesta en la iglesia por medio de la murmuración (vers. 11 y 12), las malas lenguas que juzgan a los demás. No olvidemos que con la vara que medimos seremos medidos. No somos llamados a ser jueces, sino que seremos llamados a ser juzgados por Cristo. Entonces todo saldrá a la luz… ¡Agárrate a la misericordia de Cristo, cúbrete con su sangre! Ten temor y sujeta tus ojos y tu lengua. Mira con los ojos de Cristo, y tu boca este sazonada con Sus palabras que edifican y levantan.
En los versículos 13 a 16, el apóstol nos enseña que no tenemos el control de la vida, de los acontecimientos. Por ello nuestra actitud debe ser la de rendir nuestros planes y decisiones a la voluntad de Dios. Y en el versículo 17, nos enseña que andar en santidad no sólo es cumplir una serie de preceptos, sino la constante actitud de hacer lo que haría Cristo, lo bueno. Porque si sabes lo que tienes que hacer, y dejas que pase la oportunidad, has dejado pasar de largo la bendición de Dios para tu vida y para las vidas de los que te rodean; y encima has caído en desobediencia.
¡Peleemos la batalla de Dios!
Moisés.
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