Hechos 9

Hechos 9: encontramos la evidencia del poder perdonador cuando hay un verdadero celo por seguir a Cristo. Tenemos la historia de un hombre importante, malvado y temido en todos los lugares por su lucha contra el cristianismo. Aunque él iba contra los cristianos no sabía que su lucha era con Dios y su obra, disfrutaba haciéndoles mal. Sin embargo Dios tenía presente lo que hacía y tenía un propósito para él que debía cumplir.

A veces pensamos en personas que son muy malvadas, que es muy difícil que sean alcanzadas por el poder y obra regeneradora de Cristo. Y escuchamos decir: No tiene perdón de Dios. Aunque es difícil llegar por nuestro propio esfuerzo a estos hombres malvados, a través de esta historia podemos ver que para Dios no hay nada imposible. Saulo tuvo un encuentro personal camino de Damasco. Y después de esa experiencia su vida cambió y se entregó por completo a aquel que le había pedido que le siguiera, que no le había reprochado lo que hacía. Sólo le había preguntado que por qué lo perseguía. Sólo después de aquel encuentro su vida cambió. Y preguntó: Señor¿ que quieres que yo haga? (v. 6 ) Y aquí entra su vida en una etapa nueva. Su fama de lo que hacía antes le precedía. Y a todos causaba recelo, Y los judíos lo quisieron matar pues no creían que de verdad hubiera cambiado. .Las palabras no nos hacen más creíble al ser humano pero sí los hechos y fue su testimonio de cambio, con su manera de vivir lo que evidenciaría su verdadero cambio. Nosotros los cristianos tenemos muy buenas palabras porque hablamos de Cristo y la Obra redentora del Espiritu Santo, pero no son solo nuestras palabras las que van a convencer a los perdidos. Nuestros dichos tienen que acompañar a nuestros hechos. Nuestra manera de vivir deja claro por donde vamos, que somos diferentes porque el Espíritu Santo es el que vive en nosotros. Ananías tuvo que vencer el miedo antes de acercarse a Saulo, tenía dudas del cambio de aquel hombre. Pero obedeció a Dios y fue el instrumento para ese milagro en la vida de Saulo. (Recibió la vista y fue lleno del Espíritu Santo.) No podemos seguir a Dios a nuestra manera. Tenemos que seguirlo a la manera que él quiere.
V. 32: los discípulos siguiendo los consejos de Jesús seguían predicando el evangelio y sanando a aquellos que estaban enfermos. Dios no existe el tiempo ni las enfermedades, Él obra conforme a nuestra fe cuando estamos en comunión constante con El. Los milagros son motivo para que muchas personan crean y se conviertan. Sin embargo Jesús dijo: Bienaventurados los que no vieron y creyeron.

V. 36. Nos lleva a una mujer cristiana y por su manera de vivir había ganado mucha gente para la obra de Cristo. Era piadosa, caritativa y siempre encontraba la manera de ayudar a los demás, les hacía ropa, le ayudaba económicamente. Y de cualquier manera en la que pudiera hacerlo. Quizás no fuera de muchas palabras pero de una fe y amor por la iglesia muy grande. Pedro ante aquella imagen de gente llorando se conmovió. Era difícil humanamente orar por un difunto y que resucitara. Pero él pensó en su maestro y en lo que hubiera hecho. Y hizo lo mismo. Se puso de rodillas, oró y se obró el milagro, Dorcas volvió a la vida.
Hermanos si queremos ver milagros como entonces, solo podremos verlos en obediencia al propósito de Dios en nuestras vidas llenas del Espíritu Santo. Por nosotros mismos nada lograremos. Creamos en Dios y obedezcamos su palabra y que el plan que Él tiene para nosotros se cumpla.

María Isabel BC

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