Hechos 21

Por fin después de tantos preparativos llega la hora de la verdad. El viaje de Pablo a Jerusalén. Este viaje que Pablo entendía era la voluntad de Dios pero que tanta gente le recomendó o le avisó de que si iba lo pasaría mal.
Pero no sólo antes del viaje, durante el viaje vemos que en varias ocasiones se lo dicen. Vers. 4 nos dice que en Tiro los discípulos de allí le decían a Pablo por el Espíritu que no subiese a Jerusalén. ¿Cómo podemos entender esto? Vamos a seguir un poco más adelante.
En el versículo 5 podemos imaginarnos una estampa impresionante. Las familias enteras saliendo a las afueras de la ciudad a la playa y orando de rodillas y abrazándose para despedir a Pablo y a sus compañeros de viaje. Debió de ser muy emocionante, y más sabiendo lo que esperaba a Pablo, pensando que probablemente no volverían a verlo.
En la siguiente etapa del viaje se quedan en la casa de unos hermanos que tenían cuatro hijas que profetizaban, vaya familia… Aquí vemos el importante papel que jugaban las mujeres en las comunidades cristianas incluso en esa época tan machista. En nuestras iglesias de hoy en día a veces damos menos importancia a las mujeres que la que se daba en los principios de la iglesia.
Estando allí, llegó un profeta con un mensaje a Pablo del Espíritu Santo en el que le volvía a avisar de lo que le esperaba. En este punto podemos notar que el Espíritu Santo no le dice que no vaya, le dice lo que le va a pasar, para que sepa lo que le espera. Dios no quiere que seamos ingenuos y pensemos que no vamos a tener aflicciones o pasar por pruebas. Todos sufrimos, unos de una manera y otros de otra, pero no estamos a salvo de pasar por situaciones difíciles. Otra cosa es la interpretación que hacen los hermanos, a causa del amor que tenían por Pablo no querían que pasase por esas pruebas. Así, a veces nos dejamos llevar por el impulso humano de evitar el camino estrecho, cuando a veces es el único camino…
Finalmente llegó a Jerusalén y tal y como le habían profetizado tantas veces la multitud lo arrastró y lo golpeó hasta que fue “rescatado” por un tribuno romano que lo hizo prisionero.
Que Dios nos enseñe cual es nuestro camino a Jerusalén y nos de fuerzas y la decisión para pasar por todas las adversidades que nos esperen allí.
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