Hechos 20

Recordemos que Pablo se propuso en el espíritu estar en Jerusalen para pentecostes (cap. 19, v. 21) y después era necesario ir a Roma.y Pablo tenía claro el plan de trabajo que el Señor le había trazado. Lo cual es muy importante: saber por dónde, saber cómo, saber cuando y estar dispuesto a obedecer al Señor conociendo el precio que debía pagar. Oír la voz de Dios, estar en sintonia con el Espíritu Santo. Pablo se daba prisa para llegar a Jerusalén a tiempo v. 16.
“Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.” Hechos 20:22‭-‬25. No lo volverían a ver, les decía a los pastores y obreros de Mileto, les recuerda que el les ha transmitido todo el “consejo de Dios”, “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”
V. 28.
Hnos. van a venir lobos rapaces para destruir a las ovejas, para apartarlas primero del rebaño y después acabar con sus vidas. Y no sólo atacarán desde fuera, sino que desde dentro, de entre los cristianos y los mismos lideres se levantarán lobos. Por eso debemos velar y no echar por tierra lo que el Señor alcanzó con el precio de su sangre. Pablo les dijo: Ahora os encomiendo a Dios. Durante tres años Pablo había velado, llorado y orado por ellos, ahora los dejaba en las manos de Dios. ¡Velad! Agarraos a Dios, apropiaos de su palabra, de su gracia; esto os dará el poder para sobreedificar sobre el fundamento ya establecido en vosotros y así alcanzar la meta, la herencia que tenemos en Cristo Jesús.
Quizás lo largo del camino pueda provocarnos cansancio y sueño, y podamos llegar a caer como el joven Eutico en Troas (v. 9) que cayó desde un tercero dormido y murió. Procuremos no caer en el sopor, en adormecimiento espiritual. Velemos como dice Pablo, estemos atentos al Espíritu para que sepamos por dónde y hacia dónde debemos caminar y estemos dispuestos a pagar el precio. Entonces seremos instrumentos en manos de Dios para bendición de otros y así alcancemos la meta del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Y recuerda que si caes Dios te levanta como fue levantado Eutico. Y no olvidemos de orar y llorar con los que se encaminan a cumplir con el plan del Señor, así como los hermanos de Mileto se unieron con Pablo. Adelante hermanos. El enemigo no quiere que tu alcances a llegar a “Jerusalen”. Que no te detenga.
Moises.

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