Hechos 11

En este capítulo podemos comprender como desde el versículo 1, Dios, una vez más, muestra que él no hace acepción de personas, que él da a conocer y revela su palabra a quien le place y entre esos estamos Nosotros. Pedro siendo judío “circunciso”, escuchó conoció, creyó, y obedeció a Dios, por medio de su hijo Jesucristo; llevó el mensaje de salvación a judíos y gentiles, a quien tuviera frente o cerca de él; deseaba, daba a conocer el evangelio de Jesucristo y obedeció al Espíritu Santo y éste estaba con él. Un ejemplo lo vemos en el v. 13, Cornelio fue un gran centurión, con mucho poder y rango militar, con muchas riquezas y sin embargo cayó rendido a la presencia del Espíritu Santo, porque Él creyó. Aquí vemos que por mucha inteligencia, conocimiento o poder que se tenga, esto puede venir a ser derribado por la presencia del Espíritu Santo. La vida de Pedro Dios la usaba grandemente y le había concedido la presencia de su Espíritu, pero antes pasó por temores e inseguridades como nos pasa a muchos de nosotros, y una vez más y en este capítulo, nos recuerda que El Espíritu Santo está con todo aquel que cree en Él, como también está con nosotros y que muchas veces olvidamos este “gran regalo” que Dios también nos otorgó y que solo nos pide a cambio Obediencia. Recordó la promesa de Jesucristo en Hechos 11:16 predicaba, evangelizaba, obedecía a Dios. En el v.23 hay una exhortación a seguir fieles al Señor con todo nuestro corazón, nuestro ser; debemos cuidar nuestra salvación, nuestra adoración sincera a Dios, con Espíritu de Paz, perdón, amor, fe sirviendo a Él con empeño y alegría. En este capítulo podemos entender que había perseverancia, había interés por conocer las buenas nuevas, dar a conocer la verdad y había mucha gente que quería conocer, creer y amar el evangelio de Jesucristo y en estos tiempos actuales, la gente no quiere saber nada de esto, ellos crean su propio Dios a través de ideologías o pensamientos que no vienen de Él. Oremos por esto.
Somos muy afortunados y bendecidos en ser y formar parte de sus hijos escogidos, pero no por esto hoy tenemos segura la vida eterna. Debemos luchar cada día por llegar a esa meta, por obtener su gracia y esto es solo posible con la ayuda de su Espíritu.
Ana María

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