Hebreos 8

V.1-  En los capítulos del 1 al 7 y en este capítulo se  nos vuelve a recordar  la importancia  de quien es el Sumo Sacerdote y que es Jesucristo Nuestro Señor,  nuestro abogado, nuestro intercesor ante El Padre y que  es por  su gracia, sacrificio y  amor verdadero al mostrarnos lo  que hizo por nosotros  y  ofrecer  su vida, su sangre  en la cruz y hasta lo hemos visto representado en películas que fue ahí donde se rasgó el velo en dos y es  por él que tenemos entrada al tabernáculo espiritual, para que pudiéramos obtener: el perdón de nuestros pecados, su misericordia y su gracia (Heb.4:16). Creemos que está sentado a la diestra del Padre  (Heb.1:3), que él es el hijo de Dios,  quien nos ministra a través de sus enseñanzas, y que son nuestra guía para llegar a él, para seguirlo, para amarle y obedecerlo conforme a lo que él desea de cada uno de nosotros. V.8-10 No debemos olvidar cual es el pacto que Dios ha hecho con nosotros, ya que al reconocerlo y aceptarlo de corazón él nos concede vivir en libertad más no en libertinaje. Uno de los tantos ejemplos de humildad y sencillez de Jesús fue tan grande que sabiendo que Él  era el supremo sacerdote no se envaneció y con la gracia del Espíritu Santo pudo responder al sumo sacerdote Anás (Jn.18:19-24). No debemos mirar atrás o dejarnos vencer por las tentaciones y volver a la esclavitud  del  pecado; tenemos un gran sumo sacerdote e intercesor quien intercede por nosotros. Debemos, tenemos que orar cada día como Jesucristo nos pide  para que podamos entrar al tabernáculo y a cambio nos concede estar en su presencia.
Ana María.
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