Hebreos 6

Comienza con una advertencia  contra la apostasía. Estaban viviendo un tiempo en que a los cristianos se les perseguían, y esto era motivo para que algunos renunciaran a su fe  o  descuidaran el compromiso  de seguir a Cristo.
Los versículos del 4 al 8  se refieren a la caída de un cristiano. Uno  que había experimentado el gozo, el perdón, la influencia del E: S, las dulces promesas de Dios y la  esperanza de la vida eterna, y  después de un tiempo se cansa,  se para  o se vuelve  atrás, menospreciando  todo cuanto Dios ha hecho por él
. Yo me atrevería a decir  que  inconscientemente. Pues no creo que nadie quiera salir de  la cobertura que tenemos en Cristo, pero lo cierto es que  dejan al Señor  y se envuelven   en el pecado, y leemos que es imposible que estas personas puedan ser  restauradas.  Y no es que Dios no les perdone; lo difícil es que se arrepientan de nuevo
 (Lc. 13.25-27)”No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos…Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
. Nuestro deber  es ayudarle a salir de esa situación pero  si no  quieren ser ayudados pues nada podemos hacer  pero  tengamos  cuidado  para no terminar como uno de ellos.
 Judas 1:23 “A  otros, salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aún la ropa contaminada por la carne.”
1 Cor 10.12: “El que piense que está firme, mire que no caiga”
 Fil 2.12 “Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor”
Gen  19. 17 “Escapa `por tu vida” fue el consejo a Lot y su familia.
La segunda parte de este capítulo nos anima a seguir adelante recordando  las promesas que Dios ha puesto a nuestro alcance.  Aunque pase mucho tiempo,  si Dios ha prometido, El  va a cumplir. Como vemos  en el  ejemplo de Abraham,  Dios no miente,  vers 14 y 15:”Diciendo: De cierto   te bendeciré con abundancia y te multiplicaré  grandemente  y  habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa”.
 A veces   queremos respuesta de momento pero si así  fuera nuestra fe sería muy fácil. Tenemos que experimentar  la confianza plena en el que ha prometido y así  nuestra fe se  fortalecerá   hasta que veamos cumplida su  promesa.
Termino  con  los  vers  del 17 al 20, estos versículos nos  recomiendan confianza firme en su  palabra la cual tiene  que  ser  como un ancla del alma. Aunque nuestra barca  (nuestra  vida diaria)  se mueva zarandeada por fuertes vientos y tempestades, su palabra y sus promesas tienen que ser nuestra fortaleza y seguridad  cada día.
Bendiciones,
Mª Isabel. B
Compartir esto:

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR