Hebreos 3

Continuando con el hilo argumental de la superioridad de Cristo Jesús, en este capítulo se nos invita a considerar su fidelidad como apóstol y sacerdote, es decir mensajero de la palabra de Dios e intermediario ante el Padre. Y si Moisés, referente de los hebreos, fue fiel en la casa de Dios como siervo, también Cristo fue fiel, siendo de más honra por ser Hijo de Dios, dueño de la casa.
Ante el mensaje y obra de Cristo no podemos quedar indiferentes endureciendo el corazón, sino debemos creer en él y seguirle con fidelidad. De lo contrario se nos advierte que pegaremos de incredulidad como los israelitas en el desierto, que disfrutaron momentáneamente de la liberación de Egipto pero que ante los contratiempos mostraron su falta de fé rebelándose contra Moisés y provocando a Dios, “por sus frutos los conoceréis”. Como consecuencia no entraron en el reposo de Dios.
Esta triste realidad continúa sucediendo, porque no es suficiente oír el mensaje, ver la mano de Dios obrando o incluso disfrutar sus bendiciones momentáneamente. Es necesario creer en Jesús, para que cuando ” oigas su voz, no endurezcas tu corazón”. Solo así serás fiel a pesar de la dureza del desierto porque el que peregrinamos hasta llegar al reposo eterno junto a Dios.
Dios nos guía en el desierto, créelo y lo oirás, lo verás y lo disfrutarás cada jornada de camino.
Bendiciones,
DCM
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